Historias de café y del teso

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El Capitán invita a Panchito a agua de algas

En  la Panchito´s Community o Comunidad Panchitera nos encanta el café. Por cierto, honor y gloria a La Roya, una película colombiana firmada por  Juan Sebastián Mesa  y presentada en la sección New Directors del pasado Zinemaldia de Donostia. Bien tensionada entre el presente, el pasado y el (no) futuro , jugaba de cuajo y raíz con el mundo fantástico lleno de santos, deidades y presencias y el real, lleno de baile, priva , (des) amores y machetes. Sucedía entre laderas de buena altitud donde crecían los cafetos. Sucedía entre plantas amenazadas, precisamente por  la roya, ese hongo llamado también Puccinia graminis.

Nos gustó la película porque nos encanta el café, claro.  Si no, no seríamos de la cofradía panchitera. Amamos el café mexicano, el etíope, el colombiano. El caracolillo, el tarrazú. Amamos también el té. El blanco, el rojo, el verde. El negro. El té azul, ese oolong tan tradicional, tan chino. Ese cuyo amargor se vuelve dulce si se cuece bien y se deja fuerte.

Amamos el mate, porque nos gustan el tango, las milongas y los cuentos de Mariana Enríquez. Amamos el rooibos, ese té rojo sudafricano que no es tal té sino arbusto pero que sienta bien rico.

Nos gustan pues el café, los tés, las aguas de hierbas, Y nos gusta probar, experimentar, maravillarnos. De ahí que en la boutique cafetera-chocolatera, sandwichera de la calle Fuenterrabia y en la de la calle Reina Regente, los comuneros de Panchito podáis encontrar una extraña y bella botella que contiene ¡Agua Antioxidante con Espirulina! Es azul, sí. Pero de un azul auténtico. Como las criaturas del film Avatar. Azul de verdad. De mar. De cielo. No tintado como el de otros brebajes que te dejan la lengua…azul.

Es una propuesta de la marca B.Blue Wellness elaborada a partir de dos (micro) algas cuyo nombre  científico viene a ser Arthrospira Platensis y Arthrospira maxima. Ya los aztecas  consideraban la espirulina un suplemento alimentario esencial. Cultivaban aquellos pueblos originarios  las Arthrospira  en el lago Texcoco y las usaban en tortas y como bebida. Hoy dicen que formará parte de las provisiones de futuras misiones espaciales tripuladas. Y de los primeros humanos que se lancen a explorar Marte. Aquí, en el planeta Tierra, la tenemos en la calle Fuenterrabia y en Reina Regente. Sin azúcar. Sin calorías. Sin grasas animales.

Así que enloquecemos. Locos felices por el café, el té, el mate, la espirulina cultivada bastante  cerca de nosotros, en Bretaña.  Locos también y tan  na-tu-ral-men-te por la kombucha.

Mientras nosotros escribimos y publicamos  este artículo, mientras vosotros lo leéis, cientos, miles de personas están elaborando a lo largo, ancho y redondo del planeta su kombucha. En talleres, locales, bajeras, trasteros, cocinas.

La kombucha es la bebida de este milenio. Sostenible. Bio. Artesanal. En el fondo, un cambalache magnífico de bacterias y levaduras. Organismos vivos que fermentan el té, el verde, el negro.

 Kombucha. La hemos tomado de mango. De café del bueno bueno. De jengibre. De manzana.  De plátano. Kombucha, bebida fermentada de té endulzado. Cada creador utiliza sus bacterias favoritas. Como pasa con los lúpulos y las maltas de las cervezas artesanales.

Kombucha. Infusión. Azucarada. Fermentada. Ligeramente ácida. La bebida del III Milenio. Algunos dicen que su origen está en China. Otros que en Japón. O que en Rusia. Ahora quizás tengáis al vecino de vuestro piso compartido preparando una en su micro laboratorio. Y desde luego, encontraréis una de las mejores en la boutique de Panchito. Nos referimos a The GUTsy Captain Kombucha que proclama orgullosamente en su botella tratarse, nada más, nada menos que de un Naturally Fermented Living Green Tea. Es decir, un té verde que ha fermentado naturalmente y está… ¡vivo!

Gutsy Captain es la aventura vital y empresarial de dos muchachos de la antigua Checoslovaquia, Peter y Matus. Descubrieron la que va a ser otra de nuestras bebidas favoritas en un viaje a Estados Unidos y al regresar a su país y empezar a investigar, se dieron cuenta de que los padres de sus abuelos  ya preparaban su propia kombucha algún siglo atrás. Como amaban y aman el mar y querían que su propuesta de bebida saludable y orgánica tuviera sabor oceánico se mudaron a Portugal.  Y ahí empezó lo que, por supuesto, no ha acabado.

Tienen kombucha de coco, sandía, granada pero el Capitán le ofreció a Panchito, la original, preparada tal que con agua filtrada, azúcar de caña ecológica, té verde bio 0,4%, hojas de stevia ecológicas, cultivos de kombucha, “Bacillus coagulans”, extracto de té bio 0,05%  

Así que cada vez amamos más bebidas orgánicas: café, té, rooibos, mate, agua azul de espirulina, la kombucha. Y si nos da por el agua agua, sin fermentar, sin infusionar, resulta que somos de la tendencia  Agua en Caja Mejor, otra aventura  solidaria con el planeta. Una aventura comenzada en 2017 por unas gentes de Madrid que decidieron embotellar el agua… en caja y en cartón. Para que fuera más sostenible, claro. Y porque el agua que ‘encajaban’ no era un agua cualquiera. Brota de un manantial  que se halla a los pies del castillo del pueblo de Gormaz,  nada lejos de la sierra de la Pela, en Soria. Un manantial alimentado por lluvias que crean un río, un lago subterráneo, a más de 100 metros de profundidad.

Definitivamente, nos gusta el agua. En Caja. Sana para nosotros. Saludable para el planeta.

Amamos el café. El mate. Las tisanas. Amamos la Kombucha. Pero es que también podríamos degustar a la vera verita vera de nuestro capitán y de nuestro maestro cafetero un surtido de aguas vitaminizadas. O esa lata de bebida bio energética que nos ofrecen los amigos de Ekotrébol y que resulta que contiene Matcha, Citrus, Mango y Cafeína. Cafeína natural, lógicamente,  ¡estamos en Panchito!

Tal vez suceda que hemos bebido demasiado líquido y comido poco. Tranquilidad. Empapemos el contenido de nuestra botella de Chari Tea negro con un bocadillo de centeno con queso de cabra, piñones y tomate seco. Sí,  de The British Sandwich Factory. Aunque acaso nos pudieran apetecer también unas catanias de chocolate, almendra y limón verde, o una cookie artesanal de café, avellana y trufa. O una barrita De cereal con nueces de Brasil. Oun yogur.  Ah, si os encontráis con el Capitán y con Panchito, saludadles  y brindad con ellos.

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Begoña del Teso

Begoña del Teso

Comentarista de Cine. Entrevistadora. Reportera.
Fan fatal de los vampiros, las motos y el café.

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