Historias de café y del teso

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La Reina de Saba hiere a Panchito con aguja de plata antes de Navidad.

Somos cafeteros por tradición, definición y pasión así que nada nos complace más que ver a Almodóvar utilizar como metáfora cinematográfica en Madres paralelas una mancha de café que se  extiende por la pantalla, sirviendo(le) de exquisito  fundido en negro.

Y porque somos cafeteros desde la médula a la raíz de los cabellos nos enorgullece que uno de los personajes más emblemáticos de esas criaturas llamadas  Pokémon en los videos, las redes, los libros, las películas o las aplicaciones, el inigualable Pikachu,   se beba litros de café (ardiendo) en su película Picachu detektibea que ha dado origen a un excelente comic publicado por Norma Editorial.

Y  pues cafeteros somos y por los cafetales nos perdemos, no es menos cierto que un escalofrío nos recorre el alma cada vez  que en el filme La casa Gucci escuchamos a Lady Gaga o Adam Driver reclamar un  buen espresso.

Pero a pesar de que en nuestro ADN aparecen los frutos del cafeto, no podemos dejar de sucumbir ante el esplendor y la gloria de los tés que nuestro maestro Panchito lleva un tiempo degustando. ¿Cómo no inclinarse ante  la majestuosidad del llamado Aguja de plata, finísimo blanco de la provincia de Fujian, auténtico licor de teína que necesita ser infusionado entre 7 y 10 minutos? Es tan excelente, ha de ser recogido a mano con tanta reverencia, que su producción no representa ni el 0,1% de todos los tés comercializados y exportados por China.

Pero si preferimos el negro al blanco, pues bien hizo decir a su amada el autor de El Cantar de los Cantares “Soy morena, pero hermosa, hijas de Jerusalén; como las tiendas de Cedar, como los pabellones de Salomón” también deberíamos honrar el té oscuro que nos trae en su nombre el recuerdo de la Reina de Saba . Su oscuridad brilla debido a los cristales del azúcar contendido en los trozos de mango  añadidos y sí, el té de la reina, como su piel, tiene toques de melocotón.

Todas las bebidas fantásticas que nosotros tanto amamos y bebemos, el té, el café y el chocolate, fueron considerados en los siglos muy pasados herramientas usadas por Satán para conquistar nuestra voluntad. Así, no es de extrañar que otra de las infusiones a las que Panchito se está aficionando peligrosamente sea llamada en todo el planeta El Diablo en el Cuerpo, nombre con un maravilloso eco a película criminal de los años 50-60. Pensad cuán salvaje y dulce  a la vez puede ser, que  además de en todas nuestras boutiques, allá por Barcelona lo comercializan otros  locos de la cafeína y la teína llamados Mama Same.

Nadie dijo que tomarse un té no fuera misión de audaces, de  atrevidos buscadores de la felicidad, de espíritus libres. Si no fuera así, ¿por qué habría de llamarse uno de nuestros mejores negros Juegos prohibidos y otro no menos mejor, Unión peligrosa? ¿No es acaso el té negro una bebida oscura y de absoluta oxidación (100%) porque en su elaboración se rompen las células de sus hojas? Si no fuera galante y ‘dangerous’ como el Diablo, ¿ a santo de qué iba a desprender notas ahumadas y de madera, tabaco y cacao y también de y a pasas y frutos bermellones?

Tampoco es mal color  el rojo para la seducción y la pasión. Por eso Panchito suele iniciar siempre sus bailes después de haber tomado unos sorbos de cualquiera de los tés rojos de la casa. Cinco  atesora nuestra colección a granel. Todos son denominan Pu-Erh. Por una razón tan lógica como hermosa, sus hojas se obtienen de los árboles que crecen junto al río Lancang, que atraviesa varios estados del suroeste de China. Cada zona tiene un suelo y un clima diferentes que cargan esas hojas con matices riquísimos y muy diferenciados. Las hojas cosechadas se transportan por vía fluvial a la ciudad de Pu-erh y allí se lleva a cabo su tratamiento siguiendo tradiciones milenarias.

Como sucede con el vino, los tés Pu-Erh  también son apreciados por sus auténticos conocedores a través de sus añadas, sus mezclas y, por supuesto, el tiempo de su fermentación,  que es lenta, muy lenta. Tanto que  alguna, la de los tés más añejados, puede haber durado 60 años. ¿Qué por qué el té rojo es…rojo? Porque se (res) guarda en barricas de bambú que le dan esos tonos cobrizos.

¿Y si nos preparamos en plaza Gipuzkoa, calle Fuenterrabia, o Reina Regente algún té verde? Sin problema, hay 28 variedades. Algunas vienen de la China, otras de Japón; aquella de Madagascar; ésta  es un Sencha maravilloso y aquí están los distintos aromas del Gunpowder que no por nada se llama así: porque sus pequeñas bolas apretadas recuerdan la pólvora de los cañones y porque en  casi todas sus variaciones se detecta ese toque ahumado. Más fino o más poderoso, dependiendo de si preferimos un especial o uno suavizado con menta.

Y sí, ha comenzado ya el Tiempo de Adviento; por tanto,  es el momento de soñar con  nuestro té negro especial de Navidad. Lleva clavo, canela, algo de almendra… Solo  falta un buchito de ron. O un bakerito de ponche caliente.

Amamos el café. Nos fascina el té, los tés.

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Begoña del Teso

Begoña del Teso

Comentarista de Cine. Entrevistadora. Reportera.
Fan fatal de los vampiros, las motos y el café.

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