Los dos son grandes artistas, tremendos escribidores comprometidos con la creación, el ser humano, la vida, el amor y hasta la revolución. Las que se perdieron, las que creímos ganar y las pendientes.
Max se apellidaba Max Aub Mohrenwitz y como dice Wikipedia, fue un autor hispano mexicano de origen franco-alemán. Intelectual sin ambajes, siempre estuvo en pie contra quienes ponían palos en las ruedas del progreso y la libertad. Diplomático republicano en Francia, gestionó el encargo y la compra del Guernica para la Exposición Internacional de París de 1937. Exiliado en México, su obra literaria (esas seis entregas de El laberinto mágico: Campo cerrado, Campo de sangre, Campo abierto, Campo del Moro, Campo francés y Campo de los almendro…) es monumental, materia de estudio y reflexión. Pero no le faltaba humor, humor negro. Negrísimo. Tan negro que publicó una maravilla que hoy sería políticamente más que incorrecta donde relata una serie de brillantísimos Crímenes ejemplares. Lean el mirco relato, la mínima parábola, que a Maese Panchito le hará estallar, fijo, en carcajadas:
Le maté porque removió el café con la cucharilla. Hacía un ruido infernal, un ruido de esos que se te meten en la cabeza y no te dejan vivir. Estábamos solos. No pude más. Le maté y me tomé el café.
Manuel, por su parte se apellida, sencillamente, García. García García para ser más exactos. Nació en Huéscar, Granada y es , pasmaos, poeta, ensayista, traductor, crítico literario, editor, encuadernador y violagambista.
Otro poeta, nacido en Lesaka que vive y estudia en París, Francisco Javier Irazoki, que escribió sobre música pop y rock, anduvo entre escritores surrealistas y cuya obra completa (1976-2023) ha publicado Hiperión, acaba de editarle a Manuel una antología poética (1995-2025) titulada Siete maneras de matar a un pájaro, donde sentimos su amor por Cernuda, Wagner, Espartaco, Lars von Trier y el buen aguardiente casi de garrafa.
Se habrían entendido bien (con cierta melancolía) Max y Manuel porque este tiene un poema titulado, nada más, nada menos, que Instrucciones sobre cómo dar vueltas sobre una cucharilla a una taza de café. Dice así:
Te sientas en el bar
Tranquilo de algún parque
Con café, cucharilla,
Un cuaderno y un lápiz.
Y empiezas a dar vueltas
A tu vida. Al mezclarte
Con la primera vuelta,
miras emparejarse
luz y sombra en las hojas
del olmo que hay delante
y piensas que es consuelo
de tu muerte el paisaje.
Ala segunda vuelta
Un verso viene a darte
La bienvenida y tú
Lo miras escaparse.
Tercera vuelta y dejas
Poco a pocio acecharte
Esas penas antiguas
Sin nombre, que te asalte
Cualquier miedo que ya
Conoces, que te arrase
Esa ausencia de algo
Que no puede llenarse
De palabras. Y vuelves
Otra vez a vaciarte
Sin luz, con la conciencia
De esfumarte en la tarde,
Te sientas en un bar
A escribir lo que sabes:
Que una nada te busca
Y tendrá que encontrarte.
Habría sido bonito poder haber reunido a Max, Manuel y Francisco en un bar. Tomándose un tequila, una absenta, un aguardiente. Que son, como escribe el granadino, un dardo que nada por la sangre.





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